I_ LA VENTANA NEGRA


Despertó y vomitó negro. Aquello era lo que tanto había temido, lo que tanto le angustiaba y lo que ahora, por fin, entendía.
Entre sus manos resbalaba la sustancia podrida que sentía como años atrás le había ido comiendo el alma, como le había abierto una herida de puro amor, en un oscuro color negro.
Vio la ventana. La abrió, volcó la sustancia sobre su cabeza y lloró.
Comenzó entonces el viaje prometido, el viaje hacia la almendra dorada.

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II_ EL PAÍS DEL REY DE LOS ESPINOS


Yo estaba tranquilo. Conocía bien estas tierras sin mapa, lugares inhóspitos, pero tan cercanos a mi propia religión, que a pesar de ser un fatal pintor de luces, podría haberlos dibujado con acuarelas de código plata sin ningún problema.
El país de los falsos gitanos, de las ruinas urbanas y de las montañas sagradas se extendía ante mí.
Tiempo atrás, en estas mismas tierras, conocí a mi querido amigo Mártok; el árbol-tren. Un viejo guerrero arbóreo que en vez de ramas tenía trenes, los cuales y por supuesto si él lo permitía, servían para viajar por el país del viejo rey espino. Hoy y ante la inminente llamada del monarca, necesitaba de nuevo sus servicios, ya que aquí solo se pueden recorrer grandes distancias mediante los psicomediums. Mártok el árbol-tren era uno de ellos, y de los mejores por cierto. Los psicomediums eran los únicos seres vivos que podían transportar humanos entre las parcelas de sueño que componían el país del Rey de los espinos. ¡Ay! cuantos recuerdos perdidos.
Cada parcela de sueño era una parte de mí, y es curioso, porque a la vez, cada parcela de sueño era también una parte del todo que componía este enigmático mundo.
Durante años estuve dormido en este país, lo recuerdo como una aventura extraña, sin rumbo ni destino. El camino era corto y siempre acababa en el mismo lugar.
Pero ya no había tiempo para más reflexiones sobre tiempos pasados. Mártok había llegado y el viejo rey esperaba.

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III_ MÁRTOK


¡Mártok! Poderoso señor de los sueños, viajero infatigable de viejos raíles gastados y políglota de los idiomas de invierno.
¡Mártok! Los infiernos de mármol han hecho de ti un recipiente mágico.
Proyecto de viaje divino, cada vez que me acerco a tu casa me siento feliz.
¿Eres tú el que me visita en sueños?
¿Eres tú el que me da fuerzas en este largo viaje?
¡Mártok, por fin te reconozco!
¿Cuánto tiempo estuve esperando tu llegada?
Hoy me traes el presente para forjar el futuro,
coleccionista de sentimientos rotos,
alquimista de lo humano…
¡Tú eres Mártok el árbol-tren!

Sóplame con tu viento de plata,
enséñame con tu risa como se sana lo podrido,
para guiarme en el laberinto que mata…
¡Inunda mi alma con la historia del rey espino!

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IIII_ LOS BOSQUES DE VIENTO DORMIDO


Allí estábamos, pero allí no había nada.
El código fuente era correcto, pero en vez de encontrarnos en los bosques de viento dormido estábamos ante un enorme desierto de Cogs. No entendíamos nada, donde antes se erigía el palacio de Kazastan, ahora sólo había arena.

De repente una visión; Alegría el heraldo de su majestad había llegado.
Aquel ser era una leyenda viva, pura luz. Sentirle cerca era como bañarse en agua de primavera. Transparente, de mirada limpia y profunda, aquel hombre era un regalo para quien soportara estar en su compañía. Sin embargo hoy no emanaba aquella energía por la que era conocido en todo el reino. Cuando se acercó un poco más pudimos ver lo que ocurría, ¡estaba llorando!, y aquello era terrible.

Cuenta la leyenda que cuando Alegría llora se para el tiempo, los bosques gimen y el cielo se vuelve turbio.
Sin duda estábamos ante un cambio de edad, pero… ¿qué es lo que estaba ocurriendo realmente?
Alegría se detuvo delante de mí, con lágrimas de oro en los ojos me entregó una psicollave y acto seguido se desplomó, muerto de pena.
Algo dentro de mí se murió también. Pero yo ya no podía llorar porque desde hacía mucho tiempo tenía el corazón cristalizado, rodeado de una mata de espinos. Durante toda mi vida había tenido que esconder mis sentimientos en la cabeza para poder sobrevivir, pero ahora los espinos apretaban mi corazón de cristal y me hacían daño en lo más profundo de mi alma. El dolor era insoportable, casi inhumano, se me nubló la vista, reventé en un gélido grito y me desmayé.

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V_ EL SUEÑO


Pescadores de aguas podridas,
inundan mi cuerpo dormido.
Pétalos de rosas caducas, limpian mi alma.

¿Volverán los espejos rotos a visitar mi cama?

Negro y blanco, blanco y negro.
En el baile de máscaras esta la clave del acertijo,
símbolos perdidos en un universo divino.

Cada vez que el loco me visita me cuenta una historia distinta. Me dice que estuvo en la montaña de oro y que ya fue todos los hombres.

Una y otra vez repito sin cesar:

Le mat, como energía cósmica en forma de empujón, como fuerza que se pierde en el principio de las cosas.
Divina locura la que repartes por el mundo a cada golpe de bastón…
¿Adónde vas loco? ¿Dónde te lleva tu fuerza dispersa?
Eres el principio y el final, la pieza que falta y que nunca encaja.
Misterioso es el desorden que crea tu presencia.
Bailarín frenético en estado de trance. ¿Cuál es tu idioma? ¿Cuál es tu trampa?

Viajas entre sueños asustando a quienes no saben que vives en ellos.
Vitalidad sagrada.
Tu visita es oro onírico esparcido por el vómito de un dragón de viento…

Salta, baila, juega, ríe, llora…
Ven a verme siempre que quieras.
Contagia me de tu espíritu de vida,
pues a veces ser como soy
a mí también se me olvida.

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VI_ LA VENTANA BLANCA


Despertó y vio blanco. Aquello era lo que tanto había esperado, lo que tanto había querido y lo que ahora, por fin, desprendía.
Ante sus ojos irradiaba la luz que sentía como le estaba curando el alma, como estaba cerrando su herida; dibujada en un limpio color dorado.
Vio la ventana. La abrió, la luz blanca inundó su cuerpo y rió.
Comenzó entonces el viaje prometido, el viaje hacia ninguna parte.

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